La documentación previa

Hoy voy a hablaros sobre un aspecto que me llama mucho la atención porque a veces no se le presta el interés que debiera y es la documentación previa antes de escribir un libro.

Prácticamente todas las novelas requieren de un trabajo de búsqueda de información previo, por pequeño que sea. Cuando nos referimos a novelas que narran hechos históricos este trabajo resulta aun más intenso ya que es fundamental conocer bien cada hecho para poder relatarlo.

En este caso, quiero hacer una llamada de atención a la falta de rigor científico que he observado tanto en libros como en películas. Suelen pasar por alto en ocasiones, incluso para personas versadas en ciencia, lo cual se debe, muchas veces, a que “suenan bien” y no nos damos cuenta del fallo. Quiero indicaron primero algunos de los errores que he encontrado y que han llamado especialmente mi atención:

-En la película Matrix, en el momento del desayuno de esa especie de papilla blanca, un personaje le explica al protagonista que se trata de “una proteína unicelular”. Suena bien, ¿verdad? Pocos se dan cuenta del disparate de esa definición que es, por otro lado, imposible. Las proteínas son moléculas de muy pequeño tamaño que, entre otras cosas, forman parte de las células. Para que os hagáis una idea, sería como decir, es un ladrillo unifamiliar o es un planeta formado por una sola galaxia.

-En una serie americana de médicos, cuyo nombre no recuerdo, hay un paciente que está en parada cardíaca y uno de los médicos sugiere poner adrenalina a lo que otro responde: “¡No! Ponedle epinefrina”. Suena muy bien y muy profesional si no fuese porque la adrenalina y la epinefrina son absolutamente lo mismo, solo que con nombres distintos. Sería como decir “No me gustan las mandarinas, pero sí las clementinas”.

-En la película Inferno (ojo que esto es spoiler) el protagonista empieza a sufrir alucinaciones, amnesia, dolores de cabeza y una reacción cutánea. Como explicación le dicen que le han dado benzodiazepina. ¿Cuál? No importa, una. Las hay de diversos tipos, indicadas para diferentes patologías, pero en este caso no dan más datos. Además, entre los efectos secundarios de las benzodiazepinas no figura ninguno de los que manifiesta el protagonista excepto la amnesia y el dolor de cabeza. Eso sin contar con que una dosis fuerte de estos fármacos llevarían a un estado de somnolencia e incoordinación o, en raras ocasiones, hiperexcitabilidad y hostilidad. Nuestro protagonista está perfectamente bien salvo por su dolor de cabeza y sus visiones apocalípticas. Otra cosa a destacar también de la película (que pudo deberse a un fallo en la traducción) es cuando el protagonista pregunta si le inyectaron algo a lo que la co-protagonista responde “No, todo te lo pusimos intravenoso”. Si le pusieron algo por vía intravenosa… se lo inyectaron. A no ser que el protagonista estuviese hablando de una inyección intramuscular o subcutánea o algo así y su compañera le leyese la mente.

Estos son algunos ejemplos de los gazapos científicos que recuerdo. Es cierto que en determinados temas, como la ciencia, puede ser complicado evitar errores ya que son términos y aspectos complejos que, incluso, pueden llevar a confusión. Yo misma, aun trabajando en ciencia, tengo que buscar mucha información para mis novelas y seguro que también cometo errores. Por eso recomiendo documentarse correctamente y, si es en Internet, en páginas que inspiren confianza.

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